Formación académica 1993 - ActualidadUniversidades de Barcelona UB y UAB
TS (AS) ;TF; MF; Antropologia Social
2002 - 2003 Curso Postgrado en Mediacion Familiar
reglamentario para la habilitacion como Mediador Familiar, en el turno de oficio del Departament de Justicia de la Generalitat de Catalunya.
2001 - 2002 UB (Universidad de Barceelona)
Antropologia Social.
1998 - 2001 Servicio de psiquiatria del Hospital de Sant Pau (Facul. de Medicina de la UAB) Formacion basica y Diplomatura Postgrado (Modulo de Doctorado) en Terapia Familia
1996 - 1997 EUTSB y Facultad de Ciencias Economicas de la UB
Postgrado en gestión de Proyectos y Servicios Sociales
1993 - 1996 UB (EUTSB) Escuela de Trabajo Social de Barcelona
Diplomatura de Trabajo Social.
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Colegiado Nº 3978 (CODTS) Colegio Oficial de Diplomados en Trabajo Social.
Miembro de la (ACMCB) Academia de Ciencias Medicas de Catalunya y Baleares
Miembro de la (SCTF) Sociedad Catalana de Terapia Familiar.
Miembro de la (FEATF) Federacion Española de Asociaciones de Terapia Familiar.
Mediador Familiar, habilitado en el Turno de oficio de la Generalitat.
Terapeuta familiar en ejercicio, con un alto indice de resolución de conflictos familiares y personales, tanto de origen endógeno (intrapsiquico) como exogenos (relacionales).
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1996 - 1997 EUTSB y Facultad de Ciencias Economicas de la UB
Postgrado en gestión de Proyectos y Servicios Sociales
1993 - 1996 UB (EUTSB) Escuela de Trabajo Social de Barcelona
Diplomatura de Trabajo Social.
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Colegiado Nº 3978 (CODTS) Colegio Oficial de Diplomados en Trabajo Social.
Miembro de la (ACMCB) Academia de Ciencias Medicas de Catalunya y Baleares
Miembro de la (SCTF) Sociedad Catalana de Terapia Familiar.
Miembro de la (FEATF) Federacion Española de Asociaciones de Terapia Familiar.
Mediador Familiar, habilitado en el Turno de oficio de la Generalitat.
Terapeuta familiar en ejercicio, con un alto indice de resolución de conflictos familiares y personales, tanto de origen endógeno (intrapsiquico) como exogenos (relacionales).
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HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE
ResponderEliminarREFLEXIONES ...........SOBRE LA VIOLENCIA DE GENERO
Cuando hablamos o leemos sobre episodios de violencia domestica, a veces da la impresión de que nos esté azotando una nueva epidemia, y de nueva no tiene nada, ya que la violencia en los entornos familiares es algo muy viejo, casi tan viejo como las familias.
Según estudios recientes, se sabe que los contextos familiares ocupan el honroso segundo lugar donde mayor y más violencia se genera, superados solamente por los contextos de guerra que son los que ocupan el primer puesto del ranquing.
Es verdad y es bueno, que en los últimos tiempos se esta produciendo en nuestra sociedad, una importante sensibilización social y por ende institucional, en torno al fenómeno de la violencia domestica y sus catastróficas consecuencias, aunque generalmente muy centrada en la violencia física de genero y más concretamente en la violencia que se produce en determinadas parejas, por lo general del hombre hacia la mujer.
Los medios de comunicación social de masas, radio, TV, prensa, internet, etc. de tanto en tanto y con demasiada frecuencia, nos informan, muestran y explican situaciones de la más cruda violencia que se produce en determinadas familias (parejas) que sobrecogen, indignan y repugnan las conciencias, a pesar de lo cual el monstruo de la violencia continua alimentándose y creciendo.
A nuestro entender y en coincidencia con estudiosos del tema, a alguno de los cuales haremos referencia explícita o implícita, pensamos que si bien ante una situación de violencia lo primero que se impone es alejar las zarpas del agresor de su víctima, activando todas aquellas medidas urgentes de carácter social,
policial, jurídico, etc. que eviten los peligros y riesgos irreversibles en muchos casos. Para un abordaje de mayor calado del fenómeno, y para combatirlo allí donde se origina, se imponen algunas consideraciones, a saber.
Generalmente las causas que explican la violencia, especialmente la conyugal, (de pareja) pueden y suelen asociarse a la convivencia, los celos, la economía, las adicciones, la educación de los hijos, las injerencias de las familias de origen, supuestas o reales infidelidades, etc.
Pero en la medida en que se profundiza, aparecen otras causas mas complejas, difíciles y puede que hasta molestosas de detectar, que tienen que ver con las historias personales de los sujetos activos y pasivos que intervienen en los escenarios del maltrato, y con los entornos familiares y culturales en donde este se manifiesta y reproduce. También con los sistemas de valores, de creencias, y de significados, con las ideas y el manejo del poder, y de la autoridad, con especial énfasis por su relevancia en las familias de origen de los implicados en estos lamentables episodios.
Sabemos donde se produce la violencia, también sabemos algunos de los efectos que de ella se derivan, tenemos aproximación de los grados de incidencia, de prevalencia y de morbilidad, sabemos que el fenómeno se retroalimenta y reproduce, con tendencia a mantenerse cuando no a crecer, y si esto es así, quizá seria bueno ahora acotar y definir mas algunas otras variables intervinientes, como ¿que entendemos por violencia? ¿Porqué y que es lo que la origina, de que y donde se nutre, a quienes daña o puede dañar?, para así poder orientarnos y encaminarnos hacia el combate en un terreno distinto y más amplio del que lo hemos venido haciendo.
Hasta ahora parece que la tendencia es: de comprensión, protección, apoyo y ayuda a las víctimas y de calificación (como enfermo, delincuente etc.
y condena del agresor, y todo esto muy estrechamente vinculado a la violencia física que sufren algunas mujeres por parte de sus maridos o parejas.
Con lo que quedan bastantes aspectos fuera del amplio campo que a nuestro entender comprende y alcanza la violencia domestica, dificultando así la contemplación del fenómeno con una perspectiva y dimensión más amplia, compleja, y próxima a la cruda y a veces oculta y escurridiza realidad.
Es por eso que queremos introducir algunos elementos de reflexión al respecto, por ejemplo, que pasa con la violencia psíquica, ¿es o la consideramos menos grave que la física?. A nuestro entender y siguiendo a (J.L. Linares 2002 en “Del abuso y otros desmanes”) donde de forma magistral y bien documentada analiza el fenómeno de la violencia desde diferentes perspectivas. La violencia psíquica sufrida en la infancia en los entornos familiares mas próximos y significativos, puede ser determinante para el desarrollo emocional, relacional y psíquico del niño, futuro adulto, sabemos que los niños que han sido o son víctimas de malos tratos y violencia (física y/o psíquica) en sus familias de origen, tienen un alto índice de repetir estas pautas de conducta cuando son adultos.
Y las consecuencias de la violencia psíquica entre adultos también sabemos que puede tener efectos devastadores, además de que se hace difícil concebir agresiones físicas sin que previa o paralelamente no vayan acompañadas de agresiones y violencia psíquica, como amenazas, insultos, descalificaciones, desconfirmaciones, chantajes, etc. con todo lo que esto significa de agresión hacia la identidad y estructura mental de quien las recibe. ¿ No han escuchado o pronunciado nunca, expresiones referidas a algún episodio que marcó y dejo huella en la vida de alguien como: “hubiera preferido mil veces que me hubieran dado una paliza, antes que escuchar aquellas palabras que me quedaron grabadas para siempre?”
¿De que nos habla alguien que pronuncia frases parecidas a esta?, ¿No es acaso de un terrible sufrimiento o tormento psíquico?.
En relación con la violencia de genero, por lo general del hombre hacia la mujer, (verdugo y víctima) como explicamos que alguien que decide unir su vida a la de otra persona, que se supone lo hace por voluntad propia, por que lo desea, por que la ama, por que decide reproducirse y perpetuarse con ella (mediante los hijos) puede pasar a maltratarla, humillarla, destruirla y hasta arrebatarle la vida, como lamentablemente sucede en algunos (demasiados) casos, ¿qué cosas le están pasando “o le han pasado” a esa criatura (al maltratador) para llegar hasta esos extremos?
Seguramente si escarbáramos en su historia personal mas intima encontraríamos muchas viejas heridas abiertas y sangrantes.
Seguramente encontraríamos una persona que busca torpe y desesperadamente ser feliz, pero que no sabe, porque tiene su identidad rota o tremendamente dañada, en consecuencia una persona que ha sufrido, que sufre y que está haciendo sufrir a la persona que el ha elegido para ser feliz y para hacerla feliz, pero no puede por que no sabe, ya que para poder ofrecerle felicidad a alguien primero hay que tenerla y saber cultivarla, y ¿cómo podemos ofrecer o dar a alguien algo que no tenemos? No será que en su fuero interno lo que pasó (otro imposible) es que depositó en ella la esperanza y expectativa de que lo salvaría de sus sufrimientos.
Se imaginan el coste de su conducta, en términos de sufrimiento, para un maltratador; se granjean el alejamiento, desprecio, y hasta odio en algunos casos, de las personas más importantes para cualquier ser humano, pareja, hijos, hermanos, padres, etc. además del desprecio y la condena social, poniendo en peligro todo aquello que les puede dar felicidad, reconocimiento, aprecio, identidad
y seguridad, como es la familia y los entornos sociales mas significativos e importantes, tornando el respeto y el reconocimiento social, por el desprecio y la condena, amen de cómo les deben quedar los sentimientos de autoestima, si nos pudiésemos meter en la piel de un maltratador identificado y condenado, seguramente sentiríamos pavor, pánico, vergüenza, y quien sabe cuantos sentimientos desagradables y destructivos.
Es por eso que tal vez no resulte arriesgado redefinir al maltratador como una víctima de sus propias experiencias, vivencias y conductas, que reproduce aquello que ha aprehendido, que ha vivido y que sabe hacer, aquello que ha o le
han normalizado, algo así como.
Si para un chino es normal expresarse y relacionarse (en chino) en el idioma en el que se expresa y se relaciona su familia y su comunidad, ¿porque no habría de ser normal para determinadas personas (los violentos practicantes), expresarse y comunicarse de la misma forma que su familia y su comunidad?.
No cabria pensar que estas personas tienen incorporadas en su universo mental vivencias que dan paso a pautas de comportamiento relacional y conductual heredadas, padecidas y en consecuencia normalizadas.
Creen que seria descabellado pensar que el maltratador se encuentra atrapado en una manera de entender las relaciones humanas personales y sociales algo así como: “o estas en el lado de los que dan, o en el de los que reciben”, o lo que es lo mismo que “o se está en el bando de las víctimas o en el de los verdugos”. Y una vez instalados en una concepción de este tipo es difícil (aunque no imposible) salir.
Esto es lo que Freud llamó “neurosis de destino” y/o “compulsión repetitiva” y que en otras disciplinas psicoterapeuticas se conoce como “disposiciones mentales fijas”.
Es verdad que esto es una concepción errónea y como mínimo insana, de las relaciones interpersonales y del manejo de las emociones y los sentimientos, pero esa es la que han aprehendido y la que tienen, aunque con una amplia gama de matices y particularidades, para cada uno de los casos que se consideren y examinen.
Cabria añadir, que estos fenómenos, aunque complejos y por tanto, en determinados casos, difíciles de abordar, son trabajables y reversibles, no hay porque pensar que estas situaciones y conductas son inamovibles e irreparables.
Si observásemos el fenómeno, sin tapujos, sin miedos, sin complejos, sin hipocresía y desde una perspectiva más amplia, es posible que descubramos cosas nuevas que nos conduzcan a modificar algo de nuestras conductas cotidianas, por que no olvidemos aquello del sabio refranero popular, de “quien siembra vientos, recoge tempestades” y en nuestra sociedad, en nuestra cultura, de la que todos formamos parte, sembramos vientos en cantidades industriales.
Aunque tal vez no seria equivoco sostener que la violencia tiene siempre una clara finalidad, someter o castigar a alguien contra su voluntad, siguiendo en la línea de J. L. Linares en el libro referenciado, donde encontramos interesantes y abundantes distinciones relacionadas con las distintas formas de presentación y manifestación de los malos tratos y de la violencia, así como sus posibles causas y consecuencias, de entre todas las que él propone, distingue y analiza recogemos algunas como: violencia psíquica y física, violencia conyugal y parental, asociando estas a violencia represión / sometimiento y a violencia castigo, así como lo que él define como violencia activa y violencia pasiva,
violencia sexual, y un largo etc. obre las cuales vale la pena reflexionar, si lo que se pretende es hacer un análisis mínimamente riguroso y trascender el clásico etiquetado reduccionista al que parece nos estamos acostumbrando, por ser estas, manifestaciones de violencia que se practican habitualmente en nuestra cultura y nuestra sociedad, aunque con frecuencia nos pasan bastante desapercibidas por formar parte de nuestras pautas culturales y sociales de interactuar familiar y socialmente, y por que generalmente se expresan y manifiestan en entornos de privacidad donde se hace mas difícil su localización, prevención y tratamiento, aunque como ya sabemos sus consecuencias y efectos pueden ser y que de hecho son altamente dañinos, para quien recibe alguno de estos tipos de violencia, especialmente cuando concurren determinadas variables relacionales asociadas al ciclo vital de las víctimas.
Y tratando de abundar algo mas en relación a la violencia que más se ve, que más preocupa socialmente y que sus consecuencias aparecen con mas crudeza, es decir la violencia física del hombre hacia la mujer, del esposo hacia la esposa, ¿podría esta tener algo que ver con la definición y blindaje del matrimonio mediante la solemne frase de: “hasta que la muerte os separe?”
Ya que con esta solemne frase, se eleva a la categoría de acto sacramental y en consecuencia indisoluble e irreversible, algo tan humano como casarse o juntarse para vivir en pareja, la ritualización sacramental a la vez que jurídica de estos actos de transición, tiene a nuestro entender, un potente efecto reactivo a la hora de separarse o divorciarse para deshacer una sociedad que no ha funcionado como sus componentes esperaban y deseaban, o lo que es lo mismo para rectificar o corregir una situación que inicialmente se pretendía fructífera y placentera, pero que por razones diversas es vivida como, un fracaso, frustrante, tormentosa, o simplemente insatisfactoria.
Con lo que sí a la sensación de fracaso matrimonial o de pareja (cuando este se produce) añadimos el que tenemos que romper y transgredir una norma sagrada, el resultado es que vivimos la separación o divorcio como otro problema añadido, con lo que ya son dos los problemas a afrontar, el fracaso matrimonial que puede presentarse como un serio problema con entidad propia y la transgresión de esa norma sagrada, es decir, la separación (transgresión) como segundo problema, cuando esta (la separación) tendría que ser vivida como la solución del problema originario, fíjense que enredado y complicado lo tenemos, o nos lo podemos llegar a hacer.
Y quizá rizando el rizo, no cabria pensar que (tengamos en cuenta que la fe, las creencias, los sentimientos, las emociones, no se alojan en el raciocinio, ni en el sentido común, ni en el conocimiento, ni en el pensamiento lógico, por su naturaleza, pertenecen al pensamiento mágico – religioso y al mundo de las fantasías) los que deciden poner fin a una relación matrimonial fracasada, frustrante, y tormentosa, mediante el homicidio del cónyuge o pareja, añadiendo o no el propio suicidio, ¿no estarán interpretando al pie de la letra ese tremendo precepto sacramentalizado de “hasta que la muerte nos separe?”.
No podríamos encontrar en este enredo emocional y vivencial alguna explicación aunque solo sea complementaria de esas conductas que aparecen tan poco explicables y aun menos comprensibles.
A modo de conclusión, cabria decir que para un abordaje preventivo que pueda ofrecer ciertas garantías de éxito, se haría necesario buscar y revisar las complejas causas que originan el maltrato, donde y como se cultiva, de donde se nutre, etc. para así no quedamos solo en la protección de algunas de sus víctimas y en la calificación y condena de los maltratadores, para lo cual nos parece que habría que tener en cuenta, factores y pautas culturales instaladas en nuestra sociedad, que en alguna medida impregnan los espacios cognitivos, emocionales
y conductuales de carácter personal, que definen nuestra personalidad a la vez que dan forma a cada una de nuestras particulares formas de ser, sentir, entender y practicar las relaciones interpersonales, para volver a reinsertarse en el tejido cultural donde en ese proceso retroalimentador cada uno de nosotros tiene la doble función de nutrir y ser nutrido.
Porque si nos quedamos con una simplificación reduccionista del fenómeno, posiblemente estemos contribuyendo a su perpetuación, reproducción, prolongación y normalización implícita.
Emilio Cazorla